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Más de un siglo de Esperanza
01 de Junio de 2010  

Esperanza Sáinz Juárez, 'abuela del año' del municipio por segundo año consecutivo, camina a los 102 años con una salud de hierro


BEZANA
Fuente el Diario Montañés
31.05.10 - 00:08 -
Bette Davis, Atahualpa Yupanqui, Nelson Rockefeller, Estrellita Castro... Todos tienen algo en común. Nacieron en 1908. Como Esperanza. Superviviente de una generación casi extinta, la 'abuela' de Bezana camina hacia los 102 años con una salud formidable sólo amenazada por una hernia para asombro de los médicos. No hay un secreto. Ni una explicación. Sólo recuerdos de un siglo vivido a golpes de desgracia al que ella antepone los momentos felices, porque también los ha tenido.
Nombrada 'abuela del año' en dos ocasiones y, a juzgar por el aspecto saludable que presenta, candidata a una tercera, Esperanza Sáinz Juárez nació en Veracruz, México, el 22 de septiembre de 1908, fruto de la relación entre un cántabro emigrante y una azteca que vio la luz entre 'zapotecos' o, como ellos traducen, «gentes que vienen de las nubes». Una anécdota, su vida allí, considerando que ha vivido en España, y más concretamente en Cantabria, 99 años.
Aunque es precisamente aquí donde acumula casi todos sus recuerdos, a Esperanza aún le retumba en los oídos el sonido de las balas disparadas en la Revolución Mexicana, el único acontecimiento histórico que lleva grabado a fuego en su envidiable memoria. Y su última imagen de aquellas tierras. «Me robaron de mi madre y me metieron en un transatlántico rumbo a España», rememora Esperanza. Durante el viaje, «mi padre me dijo que mi madre se había muerto». Una mentira con la que convivió 40 años.
Primero, en Soba, donde conoció a su primer esposo. Un matrimonio que apenas duró 17 meses porque la tragedia no quiso que durara más. Ángel, que así se llamaba, «salió un día de casa para ayudar a un vecino a talar algunos árboles». En eso estaban cuando «uno se le vino encima y le mató», recuerda con tristeza Esperanza.
«Mi madre vivía»
Pero la mujer se sobrepuso y rehizo su vida con quien, dice emocionada, iba a ser el hombre de su vida. Con él, «el hombre más bueno del mundo», vivió sus momentos más felices y la experiencia de ser madre. Cuatro veces. Un tiempo de dicha de nuevo interrumpido bruscamente por otra sobrecogedora noticia: «Un buen día se presentó en casa un familiar por un asunto relacionado con una herencia y me soltó que mi madre estaba viva, que no había muerto tal y como me había hecho creer mi padre». A Esperanza le costó muchísimo creerlo. «Pero era verdad».
40 años. Demasiado tiempo para recuperar una relación que además separaba la inmensidad del mar. «Nunca volví a verla», lamenta la mujer, que solamente pudo acercarse a su madre a través de un puñado de cartas.
Al abrigo de su marido, y al calor de sus cuatro hijos, Esperanza 'tiró' hacia adelante ignorando que el destino todavía no había acabado con ella. «Mi esposo enfermó», dice con la voz quebrada.
«Siete años estuve cuidándole». En la hora de su muerte, «me pidió que llamara a nuestros hijos, luego me agarró de la mano y en silencio, sin decir nada...».
El hombre de su vida se murió llevándose los recuerdos más felices de Esperanza. «Si pudiera volver atrás me detendría en ese tiempo», dice con lágrimas en los ojos. Emocionada, la mujer se toma un respiro y continúa. «También perdí a uno de mis hijos». Se lo arrebató Dios, que a cambio le ha dado 7 nietos y 4 bisnietos «maravillosos» y fuerzas para caminar «hasta donde pueda seguir».
Disgustada con Zapatero «por eso del paro», y preocupada por España «porque va muy mal», Esperanza Sáinz Juárez camina hacia los 102 años por el sendero de una generación casi extinta. La de Bette Davis, la de Atahualpa Yupanqui, la de Nelson Rockefeller. La de Estrellita Castro. La suya.